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La fabulosa escritora Marlis González Torres, nos cuenta como fue su colaboración "En nuestras propias palabras"

¿Quién es Marlis González Torres y cómo nace tu participación en la obra: “En nuestras propias palabras”?

 Soy psicóloga y sexóloga, feminista y  fundadora de la ONG Sexólogos sin fronteras, activista en defensa de los derechos sexuales de las personas y de la salud sexual.

Fue Mónica la que me invitó, allá por la pandemia, a colaborar en la obra que estaba coordinando. El tema sería de mi elección pero dentro del marco de cosas que desde la llegada de la democracia no se habían desarrollado, que aún faltaban en nuestra sociedad.

En tu aportación al libro, te centras en analizar la educación sexual. ¿Por qué este tema en concreto?

 Como dije antes, entre las cosas que faltaban en nuestro país estaba una, para mí fundamental, que, además, afecta a todas y a todos. Es la Educación Sexual en todas las etapas educativas y en los niveles de formación general y especializada de las profesiones sanitarias así como en formación extracurricular.

Parece mentira que, en pleno 2023, aún sea un tema tabú, ¿verdad?

 Sí. Los temas de sexualidad en nuestro país – porque en otros países de Europa no ocurre lo mismo- han sido tabú casi siempre. Es posible que sea debido a la gran presencia de la Iglesia católica en la educación y gobierno de las costumbres pero también porque hemos atravesado una dictadura muy larga que ha reforzado la presencia de la Iglesia católica en ambos sectores. Así los avances que tuvieron lugar en otros países en el nuestro se retrasaron décadas.

¿Esta carencia de educación sexual está relacionada con los altos índices de violencia de género y conductas machistas que siguen presentando las nuevas generaciones?

 Estoy segura!! Los humanos somos individuos sociales, nos educamos en instituciones hoy día mixtas. En el momento de educarnos no solo aprendemos contenidos curriculares sino también actitudes y comportamientos que nos han de servir y guiar durante toda nuestra vida. La coeducación nos prepara para afrontar la vida como es -con mujeres y hombres cada uno con sus derechos y formas de ser- y si formamos en educación sexual en un marco coeducativo nos formamos para ser mujeres y hombres y para entender-aceptar-respetar al otro o a la otra. Ese aprendizaje se traslada a las situaciones cotidianas.

 Lo peor es pensar que la gran mayoría de jóvenes se “educan” viendo porno, con lo irreal y machista que puede llegar a ser…

 Este es uno de los temas más peligrosos y más dolorosos. Es de una absoluta irresponsabilidad. Y lo que digo no es el resultado de una postura moral sino que se basa en razonamientos derivados del conocimiento científico; por cierto que hoy día ya se está investigando sobre las consecuencias que tiene ver porno en los cerebros de chicas y chicos jóvenes. También existe ya algún curso universitario de postgrado sobre los efectos psicológicos del consumo de pornografía.

Pero volvamos al razonamiento: en el porno ves una peli, una grabación, en la que hay relaciones sexuales que son completamente diferentes a las reales, donde el físico de las actrices y actores no se corresponden con los cuerpos reales, donde  los estímulos son diferentes a los de la vida diaria (duración de la erección, gusto/disgusto por algunas prácticas, tamaños de partes del cuerpo, etc), donde se huye de mostrar emociones y sentimientos, donde no se cuenta como ha sido el origen de lo que se ve ( ¿hubo encuentro o son dos máquinas imitando a humanos?), como han acordado tener esas relaciones que tanto atraen a los y las  adolescentes, donde no hay una historia o hilo argumental…

Y ¿cómo es el asunto en la realidad? Pues ellos y ellas se conocen, algo tienen que decirse para ponerse de acuerdo en tener relaciones, luego…los cuerpos no son iguales ni parecidos, la atmósfera o el lugar tampoco y, finalmente, los estímulos y la duración de la respuesta a los mismos tampoco.

Ahí se generan problemas psicológicos de todo tipo. De autoestima, de ansiedad, de rechazo a las relaciones sociales, de compulsión a repetir el consumo de porno porque en lo real no encuentran satisfacción. Ni ellas ni ellos están a la altura de aquellas imágenes con lo cual se sienten frustrados y también rechazados.

Dejo para el final la visión que estos productos de consumo dan sobre la mujer: para nada aparecen los gustos de las mujeres, hacen ver que nos gusta la violencia o cuando menos la fuerza, que somos como una especie de máquina a la que le gusta el sexo según lo conciben ellos, no se plantean pelis desde nuestra propia visión.

Y nunca se les dice a los adolescentes consumidores que muchas actrices son violadas, también obligadas a realizar prácticas dolorosas para ellas y que los actores tienen que drogarse para poder aguantar tanto tiempo y tantas prácticas.

Uno de los puntos fuertes de tu artículo es la educación sexual integral (ESI). ¿En qué consiste exactamente?

Es un término acuñado internacionalmente para que la educación de este elemento de la personalidad humana comprenda todos los aspectos que tiene: biológicos, psicológicos, comportamentales, sociales. De modo que sea circular, que forme un circulo de 360º en el que se incluya todos los aspectos y, además, se los relacione entre sí.

Se me ocurre un ejemplo que siempre se toca en Educación Sexual: los embarazos no deseados en la adolescencia. Habrá que formar en fisiología, en medios anticonceptivos, en conductas apropiadas para vivir la sexualidad en esa etapa, pero también en violencias sexuales, en VG, ITS -muchos embarazos pueden derivarse de violencia sexual, de violencia de género, puede haber una infección de transmisión sexual- y en los aspectos sociales del entorno en el que se vive (legislación, apoyos para madres solas, para madres y padres jóvenes, aborto, crianza, adopción, etc).

De modo que la educación sexual no resulte un pestiño médicomoral, donde la sexualidad solo se muestre mediante fisiología y peligros, sino que en cada uno de los elementos a educar se haga con el enfoque 360º, en todos sus aspectos. Y sin olvidar la satisfacción, el placer y la completud que la vivencia sexual genera a todas las personas.

¿Qué conclusiones extraes tras haberte implicado tanto en este tema tan grande y complejo?

Bueno, a mi me ha agradado enormemente reflexionar sobre el asunto y hablar de lo que, en el momento de escribir el libro, faltaba. Ahora ya existe un corpus normativo importante, con la nueva ley educativa y la nueva ley de salud sexual y reproductiva, que es preciso desarrollar y, sobre todo, llevar a todos los centros educativos de nuestro país. Sin exclusión.

Pero…me preguntas por conclusiones y solo se me ocurre que los derechos avanzan en la medida en que los vivimos y hacemos nuestros. Si nos olvidamos de la ley una vez publicada, si no la hacemos nuestra -esto también implica criticarla y señalar lo que falta o los fallos en la apiicación- irá desvaneciéndose y permitirá que desaparezcan los avances. Así que la sociedad civil tiene un papel fundamental en reclamar la aplicación de la ley, su desarrollo y las mejoras que sean precisas. Y hacerlo durante largo tiempo hasta que cale en la ciudadanía. Del mismo modo que ha calado la igualdad entre hombres y mujeres, la lucha contra la VG y los derechos de las personas lgtbi…la Educación Sexual ha de calar también!

Marlis González Torres "En nuestras propias palabras"
Marlis González Torres “En nuestras propias palabras”

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